lunes, 23 de julio de 2012

Viva la música: Un encuentro con la historia

El domingo 22 de julio los venezolanos tuvimos la oportunidad de disfrutar de un concierto memorable, como teníamos años que no veíamos. Se anunció que estarían varios monstruos de la música en todas sus facetas. Hablo del súper compositor y cantante Franco De Vita y de la unión entre el poeta de la salsa, el señor Rubén Blades y el director de orquesta venezolano Gustavo Dudamel, junto a la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar y la Orquesta Latino Caribeña Simón Bolívar. Esto ocurrió en los espacios del Aeropuerto La Carlota. Pero vamos con el relato.

La entrada decía que todo comenzaría a las dos de la tarde, pero empezó a las 10 de la mañana, con distracciones para la familia, colchones inflables para los niños presentes, montones de puestos de comida y bebida, y mucha música. Me fui acompañado por @goica, quien también estaba entusiasmada por asistir a este espectáculo que prometía ser histórico -de hecho lo fue-. Se esperaba la asistencia de unas 200 mil personas, y hasta donde tengo entendido la cifra fue superada. En esto influyó el hecho de que las entradas eran súper económicas (hablamos de 50 bolívares fuertes la general y 750 la VIP, se traduciría en unos 10 y 180 dólares respectivamente).

La cola para entrar era larguísima. De hecho se dividió en dos: Hombres y mujeres. La cola masculina se movía bastante rápido, al contrario de la femenina, pues había más chicas presentes. Los controles de seguridad fueron rápidos y muy eficientes. El comportamiento de los efectivos de seguridad (Policías municipales, estudiantes de la Universidad Nacional de Estudios de Seguridad, adscrita a la Policía Nacional, efectivos del ejército y la aviación, Guardia Nacional) fue bastante bueno. Mientras entrábamos, la gente del Ministerio de la Juventud regalaba sombreritos (rojos, para variar), la gente de CINEX obsequiaba pases para el cine, en fin, de todo.

Nos metimos en ese mar de gente, todos apretadísimos, pero con la intención de estar lo más cerca posible de la tarima. Las colas para comprar arepas en las areperas Venezuela eran larguísimas, al igual que en los puestos de Maltín Polar y Pepsi, Gatorade, ventas de tequeños, perros calientes y empanadas. Al fondo sonaba música patrocinada por la emisora MusiK FM (antigua Rumbera Network). Mucho merengue moderno, temas de J-Lo, reggaetón, pero nada de salsa... Eso sí que no lo entendí, pero bueno... 

Pasaban las horas y la gente seguía entrando al recinto. El calor aumentaba, el sol fue inclemente. Lo bueno fue que los vendedores de agua y bebidas refrescantes estaban siempre desplazándose entre la multitud, así que hubo suficiente hidratación. En todo ese rato vi que se desmayaron sólo tres personas, y sólo una requirió ser trasladada al puesto de auxilio. En la zona donde estábamos la cosa estuvo tranquila, la gente estaba muy animada, exceptuando a una señora que tenía todas las ganas y deseos de salir pateada o linchada de allí, ya que no podía pasar por donde quería pasar -había unos niños pequeñitos allí sentados-, quiso buscar pelea, pero el abucheo de la gente que la rodeaba la obligó a salir disparada de allí. 

A las 3 y media salieron los animadores del evento, Mariángel Ruiz y Leonardo Villalobos. El público empezó a bromear con aquello de "Orquíiidea, Orquíiiidea...", anunciaron un concurso para que la gente enviara tweets a @Evenpro y el premio era un rato en los camerinos y fotos con los artistas presentes. Hubiera sido bastante efectivo ese concurso si en el sitio hubiese buena señal celular. Fue imposible enviar un solo tweet.  La gente ya quería espectáculo y comenzaba a pedirlo a gritos, pero sin desbocarse -punto a favor del público, estamos aprendiendo a ver conciertos masivos-. Las pantallas comenzaron a mostrar publicidad de los patrocinantes. Todas muy buenas, excepto las del CNE, que mostraban que "Antes el organismo electoral estaba viciado, lo de Acta Mata Votos" y ese tipo de cosas. Honestamente pareciera que esa publicidad la hicieron los productores de La Hojilla, pero bueno... Tampoco hubo muestras de proselitismo político partidista. Ni un afiche de Chávez ni una publicidad del Gobierno Bolivariano. Es más, pude ver unos cuantos volantes promocionando la candidatura de Henrique Capriles Radonski... O sea...

A eso de las 4 y media salen los chicos de "Tambor y son de Venezuela" con instrumentos autóctonos, y a los pocos segundos comienza a sonar la voz del maestro Franco De Vita, quien con su energía volvió a contagiar a los venezolanos, que coreaban a gritos sus canciones. Tenía tanto que cantar y tan poco tiempo que tuvo que recurrir a los mosaicos para que no quedara ningún éxito por fuera.

Cuando llevaba una buena cantidad de canciones, le solicitó a los bomberos que rociaran agua al público, pues el calor era insoportable. La primera vez rociaron a la zona de la derecha. Al rato, cuando comenzaba a tocar el piano, vio que el calor seguía, dejó de tocar, se levantó, fue a la parte izquierda de la tarima y le exigió a los bomberos que echaran más agua. Ahí el gentío del centro y la izquierda se refrescaron, y por efectos de la luz, se pudo ver un hermoso arcoiris de 180 grados. Hubo un momento, mientras interpretaba "Ya lo había vivido" en que alguien lo opacó. Resulta que mientras sonaba el tema, los técnicos se subían al andamio de iluminación, y uno de ellos, pasado de kilos, subía lentamente. La gente comenzó a auparlo "Daaale, daaale, daaale...". En eso duró unos minutos. Cuando subió, toda La Carlota lo aplaudió, y él, mirando al público, saludó pero con una cara de "Jodan, jodan, que están en la edad". Aquí se escucha a la gente aupando al gordito.



En la presentación, De Vita invitó a cantar a varios amigos. Víctor Brito, de Ecuador, quien es un cantante en proceso de consolidación y que canta muy bien, por cierto. En la interpretación de "Tan sólo tú" fue acompañado por la maracayera María José, que tiene una voz hermosísima, y después invitó al duo SanLuis, que interpretaron temas propios y de su época de Vos Véis. Posteriormente presentó a sus músicos, y al final el conguero se llevó a unos músicos con máscaras de luchadores -decían que eran técnicos, no sé, alguien que me explique esto- e interpretaron "Tírate un paso". Esto fue divertidísimo. En el primer final cerró con "Traigo una pena". Regresó al escenario para cantar "No Basta", "Un buen perdedor" y al final nos regaló su tema "Vinotinto". El aeropuerto estallaba en gritos y aplausos. Una presentación magistral, como siempre.

Después saldrían Ruiz y Villalobos a anunciar lo que vendría después. Seguían con lo de los tweets, y la gente protestaba la ausencia de señal. Trataron de decir que si perseveraban conseguirían enviar un mensajito, pero la gente insistía que no se podía. Inmediatamente vino la primera gran pita. Mariángel anunció que Rubén Blades, Dudamel y la sinfónica interpretarían la ópera latina "Maestra VIVA". Se imaginarán los gritos "Burraaaaa, brutaaaaa, animaaaaal"... Pobrecita, pero como que no entendió, porque siguió hablando como si nada. Luego lo volvió a repetir igualito, la gente le gritó "VIIIIDAAAAA!!!", y ella "Bueno, ya viene, no se desesperen". ¿Será que se hizo la loca o realmente no entendió que metió la pata? bueno...

A las 7 y algo comenzó a tocar la Orquesta Latino Caribeña Simón Bolívar. El primer tema fue "Encántigo" combinado con la quinta sinfonía de Beethoven. Luego se lanzaron un merengue bravo de Juan Luis Guerra, llamado "El Primo", después vino "Timbalero" de El Gran Combo. Aquí hay que destacar las descargas de los dos timbaleros, principalmente del segundo chico, quien es un monstruo en las pailas. Salió premiado con una ovación ensordecedora. Al comenzar a sonar el cuarto tema, la emoción fue in crescendo, ya que era María Lionza, lo que era indicio de que saldría a cantar quien muchos esperaban, y así fue. Aquí Rubén Blades convirtió a La Carlota en un manicomio. La interpretación de Blades y esta orquesta fue simplemente épica. Posteriormente hicieron un segundo tema, que superó con creces al primero: Decisiones. El arreglo del maestro Alberto Vergara quedó como uno de los mejores de la noche que apenas empezaba. Más de una lágrima salió... No fue mía, por cierto.

Aquí vino otra pausa, ya se acercaba el momento. Mariángel y Leonardo volvieron a salir, con cambio de vestuario y todo -esto sí fue algo loco, ¿Quién va a estar pendiente del cambio de vestido de Mariángel en un concierto de música latina? pues yo... pero nadie más-, y al presentar a Blades y a Dudamel, ahí sí dijo bien "Maestra Vida". Al empezar, Rubén hizo algo que no acostumbra pero la ocasión lo ameritaba: Dijo unas palabras. Él nunca comienza un espectáculo hablando. Bueno, vino el agradecimiento y la admiración a Dudamel, al Maestro José Antonio Abreu (que estaba presente en ese momento), a los músicos, al Sistema Nacional de Orquestas, al público... Y con referencia al espectáculo, dijo algo así como "Como dijo César Miguel Rondón en el disco original, la música no es más que un pretexto". Los aplausos de los asistentes no se hicieron esperar, principalmente los de la zona VIP (recordemos que Rondón fue el gran ausente, no se sabe si porque no lo invitaron o por el supuesto veto de los miembros del gobierno). Cuando prosiguió con los agradecimientos, dijo "Gracias al gobierno nacional". Hubo una mezcla entre aplausos y abucheos. Yo escuché más abucheos. En fin, fue algo breve. Luego de esto comienza la narración en la voz del propio Rubén, explicando qué es Maestra Vida, qué representa, su sentido y la eternidad del tema que se plantea, pues la vida es eso...

Aquí arrancó la primera pieza: Prólogo. Este fue un tema completamente nuevo, pues no era ni remotamente similar a la versión original del primer disco. Se nota que Blades y Dudamel buscaron innovar y lo lograron. Luego la narración -en off- de Blades describía a los personajes: "Una tarde de abril, 1975, Quique Quiñones, repleto de recuerdos, bebía en una de las mesas del bar. Era hijo de Vavá, compadre eterno del legendario sastre Carmelo Da Silva. Hoy las cervezas y los rones de siempre los comparte Quique con su hijo Carlitos "Lito" y con Rafael Da Silva, nieto de aquella arrolladora Manuela. La historia es idéntica a todas las historias de este barrio. Quizás sea la misma. Por eso, como siempre, la música no es más que un pretexto..."

Carmelo Da Silva, el guapo del barrio, el alma de la fiesta, el líder de "El Solar de los Aburridos" junto a Vavá Quiñones, Foncho y Franklin. Carmelo tenía una vida como sastre, cantaba con sus amigos, bebía los fines de semana, un jodedor, pues... hasta el día en que vio pasar a una mujer llamada Manuela Peréz (sí, acento en la segunda E). Desde ese momento quedó obsesionado con poseer a esa mujer con caminar de pantera. Aquí comenzó a sonar el tema "Manuela". Originalmente esta canción no lleva arreglos sinfónicos, fueron agregados. Y lo admito, se me aguaron los ojos al escuchar esas notas. Aquí comencé a comprobar algo que dije antes del concierto, y es que "La gente sólo va a cantar dos canciones: El nacimiento de Ramiro y Maestra Vida. Las demás sólo las cantaremos quienes conocemos de esta ópera". Y así fue... Pude escuchar este tema completo sin el griterío.

Luego vino un trío de temas que van pegaditos: Carmelo (Primera parte), Como tú y Carmelo (Segunda parte). En esta parte se habla del cortejo que hacía el sastre a Manuela y relata el día en que se le plantó y le dijo todo lo que pensaba, sentía y quería con ella. La orquesta se lució con el arreglo sinfónico. Muy sabroso de escuchar. La gente seguía muda, atenta, escuchando... Y yo cantando tranquilito, sin gritos cercanos.

Evidentemente tenía que venir la respuesta de Manuela, y vino acompañada por la voz de una de las muchachas del coro de la Orquesta. Hermosa chica y hermosísima voz, realmente hizo honor y justicia al tema "Yo soy una mujer" que originalmente fue interpretado por Anoland Díaz, madre de Rubén, quien en su vida de cantante sólo interpretó un tema latino, y fue precisamente este, en el que Manuela le dice a Carmelo que lo acepta pero como condición le exigía respeto y corresponsabilidad en la relación, a lo que Carmelo accede, al principio como buscando calmar a Manuela, pues en el camino "la podía cambiar". Luego de esto la gente del barrio quedó pasmada, pues era imposible que esa relación se diera. Y se dio. Así arrancó "La fiesta". Una pieza instrumental de mucho sabor y descargas de metales. Por cierto, nunca en mi vida había escuchado un solo salsero de tuba. Punto a favor de la Orquesta.

Prosigue el relato: al pasar de los meses, Carmelo seguía en su trabajo, pero poco a poco se alejaba de sus viejas costumbres de latin lover, pues el inmenso amor que sentía por su concubina Manuela le animó a ser un hombre de hogar, cada día mejor. Además, estaba embarazada. Al enterarse que ella había dado a luz, bebió como un cosaco, buscó a sus panas del Solar y se fueron a la maternidad. Ahí es donde interpreta "El Nacimiento de Ramiro". Blades, Dudamel y la Sinfónica por fin tocaron un tema que el público pudo cantar. "Nació mi niño, abran los balcones, beban rones, rompan lo que quieran que lo pago yo" dice el coro de una de las canciones más hermosas que ha escrito el panameño.

Para cerrar con la primera parte, Rubén relata lo que suele pasar cuando crecen los hijos: Aumentan los gastos, la cosa se complica, y Carmelo canta a modo de consuelo "Déjenme reír para no llorar", una canción que es una crítica a las situaciones políticas comunes en Latinoamérica: Campañas electorales emotivas, el triunfo de los mismitos de siempre, el rollo con los medios, los cambios de ministros, los rumores, los escándalos, los golpes militares... y la crisis de los pueblos. En este tema se incluyó un solo de cuatro... pero de cuatro venezolano (Esto en salsa no existe) ejecutado magistralmente por uno de los integrantes de C4 Trío. 

Como intermedio, Rubén Blades quiso regalarle un tema a Venezuela: Patria. Esta es otra de las obras poéticas de este cantautor que puede catalogarse como una obra de arte. "Patria son tantas cosas bellas".

Comenzaría la segunda parte de la ópera con el "Epílogo". Una obra instrumental ejecutada tal y como fue grabada hace 32 años, esta vez sin el colorido de la primera parte, sino con un toque más melancólico, oscuro y triste. Dudamel y sus chicos se botaron con esta interpretación. Blades comenzaría a cantar "Manuela... después (La Doña)", que muestra a una mujer de más de 70 años, encorvada, vestida de negro, llena de tristeza, caminando hacia la iglesia en la madrugada, con un rosario en la mano, rezando por su hijo Ramiro que no se encuentra a su lado (estaba preso), por los años que ya pasaron y por el final que se acerca lentamente, y diciendo "Ayúdame, ña María, en estos últimos años". La sinfónica sacó más lágrimas con este tema, que si bien es una salsa sabrosita, es extremadamente triste.

"Qué viejo se ha puesto el sol, pensaba el viejo Da Silva" es la primera línea de "Carmelo... después (El Viejo), un bolero lleno de melancolía y tristeza. Expresa las palabras del sastre, viejo, cansado, solitario. En esta canción evoca su juventud y lo complicada de la vejez. El hecho de caminar con dificultad, caerse y necesitar de ayuda para levantarse, el no recibir ni una carta de su hijo Ramiro, y lo más doloroso, la muerte de su amada Manuela. A Carmelo ya no le interesaba vivir, así que en la noche, en su sillón, apretando en su mano el anillo que su esposa le dejara... murió. Al día siguiente lo hallaron allí, y aunque intentaron abrir su puño, no pudieron...

"El Velorio", un tema instrumental que originalmente fue concebido como una pieza de guitarra, bongó y clave, a ritmo de son, se convirtió en una pieza de piano hermosa pero cruel... Después vendría "El Entierro", otro bolero que describe la tragedia de Ramiro. Su patrón le negó el permiso para asistir al sepelio de Carmelo. Así que al salir del trabajo, como pudo, llegó al cementerio, pero ya la tierra había cumplido. Se quedó llorando, nadie sabe cuánto tiempo. Al salir del cementerio se encontró con el sepulturero y el cura, quienes le cobraron los gastos funerarios. Al final, Ramiro durmió soñando con los recuerdos de sus padres, que ya no están con él. Una vez más la sinfónica cumplió un papel vital en esta canción.

"Todos los hechos lo condenaban, las anécdotas y los recuerdos hablaban mal de él. Con los ojos enterrados en el piso, sufriendo las malas jugadas de su existencia, Ramiro recorrió las calles del barrio. La misma esquina con su mismo olor... Todos los hechos lo condenaban. Sin embargo, nadie hablaba de su soledad, de aquellos años en la cárcel, de las cosas que hizo y dejó de hacer, de su eterna mala suerte... Parado en la esquina, Ramiro respondió las preguntas que jamás le hicieron. Después de todo su único premio era la vejez; la misma recompensa que recibió su padre Carmelo, la misma recompensa que de seguro recibiría su hijo Rafael. Es una noche de Mayo de 1970, Ramiro sigue en la esquina... Solo como siempre..." Y aquí comenzó la meditación más profunda jamás escrita: Maestra Vida. Una vez más, el público cantó, con la orquesta alcanzando el clímax, Rubén Blades con la voz clarita y Gustavo Dudamel, poseído con el espíritu de esa canción. 

Al final de esta meditación, unos borrachos pasan frente a Ramiro cantando desafinadamente "Hay que vivir", un tema casi incomprensible, pero que deja como mensaje que a pesar de todo hay que vivir pues sólo se vive una vez. Con los gritos de los habitantes del barrio pidiéndole a los borrachitos que se callen, Ramiro se da media vuelta, se sube a su moto, arranca "y se va para el carajo"... Eso es Maestra Vida.

Hey, pero ese no fue el final... ¿Qué sería un concierto de Rubén Blades sin que cante su obra maestra? Pues para el final guardó el tema más escuchado y conocido de la salsa. Toda la gente que aún quedaba en el recinto -la mayoría se fue, incluyéndome... y con una pena enorme, pues quería quedarme pero no andaba solo, además era tarde y estaba agotado- pudo disfrutar de una interpretación histórica, sin precedentes, con 140 músicos, de la historia de Pedro Barrios, mejor conocido como "Pedro Navaja". Gritos, aplausos, fuegos artificiales, y una profunda satisfacción por el hermoso espectáculo presenciado ese domingo, fueron los premios para todos. Sin manchas políticas, sin diferencias, sin problemas. Ese evento fue perfecto. Ojalá nuestra vida en Venezuela fuese así para todo.

Aquí dejo un resumen publicado por la gente de El Nacional.


Lamento de verdad que muchas personas no asistieron "Porque Rubén se reunió con Chávez", "porque Dudamel es un boliburgués" o "porque fue en un recinto chavista". Creo que nosotros debemos aprovechar esos espacios, esos momentos, esos eventos, y apropiarnos. Sin dudas fue un día histórico, un concierto único, y tengo la satisfacción de haber sido testigo junto a mi acompañante de algo que quizás nunca más ocurra. Tal vez el año que viene suceda de nuevo algo similar, pues se propuso que este festival se repitiera anualmente. Sería muy bueno, sólo espero que cuadren bien los horarios, por mi parte me parecía más conveniente que Rubén y la Sinfónica tocaran antes, o solos, más temprano. Había muchas personas mayores... Muchísimas, y ellos no iban por Franco De Vita, estoy seguro. Ellos eran los que cantaban todas las canciones de Maestra Vida, los escuché y me sentí tan bien al acompañarlos pues también me las sé.

Ah, y se anunció que esto quedará plasmado en CD y DVD. Artículo para coleccionistas...

En fin... Por estas cosas que llenan el alma es que vale la pena gritar "Viva la Música".

4 comentarios:

  1. Sencillamente... ES-PEC-TA-CU-LAR y exquisito post! ¡Dios mío qué talentazo eres Alex! describes con aquella delicadeza y lujo de detalles cada escena del show, sentí que estaba allí, imaginé todo, las colas, el calor y hasta la vieja impertinente.

    Me hiciste revivir cuando viví la experiencia del Festival Mundo Verde hace tres años: calor, joda con los panas, chalequeo y civilización del público, camiones cisternas, gritos, euforia y la alegría de vivir cosas espectaculares como un show musical en vivo.

    Pienso que esto es una de las cosas que uno se lleva de la vida: las vivencias, emociones, todo. Leerte en cada línea sentí tu alegría, tu poder fuera de este mundo de captar cada cosa y no soy exagerada, es que es así. Disfrutaste cada instante de "Viva La Música", de apreciar a un artista favorito como Blades y cachetear a los ignorantes que no saben la ópera "Maestra Vida", eso es divino que se callen los demás y quedarse uno (a) solito (a) cantando jiji.

    De verdad te felicito por esta reseña tan minuciosa, bonita, detallada, limpia y alegre. Fuiste mi corresponsal estrella y espero que para "Viva La Música II" si podamos compartir en un evento multitudinario.

    ¡Qué viva la música!, ¡Qué vivan los conciertos!, ¡Qué viva la vida!

    Gracias de verdad por tan espectacular texto.

    Un abrazo,

    Lenys Carolina

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    1. Jajajaja... Gracias por tan bonitas palabras. Bueno, queda evidenciado que tenía muchas ganas de estar presente en este concierto, ya que si hay un artista al que admiro y respeto es a Rubén Blades. Fíjate que curiosamente al último concierto que fui, pagando mi entrada, fue para ver a Franco De Vita y Rubén Blades en el estacionamiento del Poliedro, y fue algo demasiado emocionante. Este no fue la excepción. Además, ver a Dudamel y la Sinfónica era algo que tenía que hacer, y vaya que me gustó. Realmente este agotamiento que tengo a esta hora merece la pena. Es un hermoso momento que en el futuro me hará decir "Yo estuve ahí". Gracias, mi Caro!!!

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